viernes, 24 de febrero de 2017

Quedarse




Maité Hernández-Lorenzo


Tomado de OnCuba

La emisión estelar del Noticiero de la Televisión Cubana informaba el viernes 17 de febrero que casi un millar de cubanos habían sido devueltos a la Isla por las autoridades migratorias de países de la región. A pesar de la suspensión de la política de “pies secos, pies mojados” –último gesto, que se sepa, de Barack Obama en el avance de la “normalización” de las relaciones con Cuba, días antes de dejar la Casa Blanca– muchos cubanos y cubanas se encaminaron, por mar o por tierra, hacia los Estados Unidos.

Mientras escribo estas líneas, un día apacible en La Habana, miles de cubanos están varados en la ruta del sur, en una selva desconocida, entre extraños, cruzando ríos caudalosos nunca vistos aquí, rodeados de peligros, amenazas conocidas quizá en las películas clase Z. Mientras esa tragedia nacional está sucediendo fuera de las fronteras de lo “nacional” en todos los términos posibles, El Ciervo Encantado presenta Departures, su más reciente espectáculo.
Cuba ha sido eje y sustancia prístina de los trabajos del grupo desde que se fundara en 1996 por Nelda Castillo y Mariela Brito junto a un grupo de jóvenes actores que ya no está en el colectivo pero que marcaron su repertorio durante muchos años. Su núcleo fundacional, Castillo-Brito, se adentra esta vez en un tema que, aunque abordado en la dramaturgia cubana, directa o indirectamente, con una producción más notable en los autores cubanos residentes en Estados Unidos, sigue estando rezagado en una agenda abierta y participativa de las múltiples comunidades cubanas.

Departures es un acto. Un acto de justicia, de resistencia, un acto confesional. Frente a la oscuridad de la luneta, una sala de espera de un aeropuerto. Mariela Brito, actriz y testimoniante, está sentada con unos audífonos a través de los cuales no solo ella escucha la música; nosotros también. Sobre los asientos dispuestos geométricamente en el salón, en esa suerte de no lugar que podría ser la ilustración física del in between o el guion de Pérez Firmat que une y separa, fotos, en blanco y negro y en colores, de cubanos y cubanas que viven o han vivido fuera de la Isla.

Algunos de los retratos están acompañados por cartas. En ellas, esas personas le responden a El Ciervo Encantado por qué se fueron. “¿Por qué se van de Cuba?”, también nos pregunta a los que estamos de este lado del “cristal”.

Es gente que ya no está. Amigos, familia, compañeros de estudio de Mariela, que configuran un nido de afecto generacional. Logramos reconocer a algunos. Entre esas fotos vemos a Severo, a Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Ana Mendieta, fuentes que han nutrido, durante más de veinte años, las obras de El Ciervo, y forman parte, además, del más profundo tejido sensible de la cultura y la dimensión espiritual de nuestra nación. Los que estuvieron y ya no están, pero siguen estando de muchas formas.

“El punto de partida fue el texto final de Guan melón…!! Tu Melón…!! (‘Hoy se ve al pobre cubano / penando por los caminos / como errante peregrino / con el bultico en la mano’). Dejó una pregunta en el aire, y a partir de ahí comenzó la investigación de la historia del éxodo, desde el 1959 hasta hoy. En esa búsqueda, fui conectando con mi propia historia, zambulléndome, profundizando en cada momento. Cosas que incluso había olvidado, de las que no hablaba con nadie, cosas íntimas. Ahí se fue armando la estructura”, dice Mariela en un diálogo breve al finalizar.

Mariela nació en 1968 en Matanzas. En una familia que contenía una parte “integrada” al proceso revolucionario, y otra, que sufrió la expropiación de la Ofensiva Revolucionaria y la experiencia de los Campamentos de Apátridas. Esa otra parte decidió irse y, desde los años 70, tiene su dirección en la Florida.

En ese espacio iluminado con una luz fría, sin ningún artificio teatral, Mariela va contando su propia historia, respondiendo por qué se fueron. Es ella, con los otros, quien tiene la voz para narrar una historia que es parte del relato supranacional, y sin la cual la Isla estaría incompleta.

Aparentemente, ella también está esperando irse, no está claro si de regreso a la Isla o si de partida. Pero una partida, al fin y al cabo. En su relato, plural e inclusivo, va trazando una ruta dolorosa, dejando una cicatriz viva y punzante sobre los vaivenes de una isla cuyo destino, al menos uno de ellos, ha sido durante demasiado tiempo una sangría de carne y espíritu.

Documentos, biografías, referencias reales son material para la narración. Mientras lee las cartas de amigos confesando sus razones al irse de Cuba, entre las cuales lo económico no es la única causa, Mariela va deteniéndose en pasajes que marcaron con énfasis el éxodo: Operación Peter Pan, Camarioca, los Viajes de la Libertad (vuelos directos Varadero-Miami), el Mariel, el Maleconazo y el camino del sur hasta llegar a México.

La dramaturgia se estructura a partir de las microhistorias en un contexto colectivo. Las biografías personales quedan atrapadas en las circunstancias sociales, en la amalgama atropellada de un ahora. Víctimas de coyunturas ajenas a su propio alcance, entre la balacera política; se van, se siguen yendo.

En Departures hay una tesitura finísima que reconocemos en el tono del enunciado. Las historias, no solamente cercanas a Mariela sino a muchos de los espectadores, son sensibles a una conexión inmediata, a una empatía que pasa por lo emocional. Pero justamente en las pausas, en el énfasis confesional y a la vez resistente de lo narrado, en el ir y venir de la actriz por ese espacio –que es también, como ella misma afirma, “el lugar para la memoria, para los afectos, donde se guarda lo más íntimo”–, en el detenimiento antes de la enunciación, en pensar bien lo que vamos a decir como si estuviéramos dando a la luz un secreto bien guardado, está, creo yo, el gesto político del performance.

El acto del habla es, entonces, el acto. Las historias son comunes, conocidas por oralidad familiar, gracias a testimonios a mano o al cúmulo que devuelve la producción artística. Sin embargo, lo que hace único este acto es la cualidad del enunciado y desde donde se enuncia.
Nelda, en conversación con OnCuba, refería que “hacía falta en este momento trabajar de otra manera. Nuestro performance siempre está en una zona que no es teatro, ni artes plásticas o música, sino algo borroso. Necesitábamos otra manera más sobria, fría, desprovista de todo lo teatral posible para que hubiera otra voz, una voz más esencial, casi silenciosa”.

Para Mariela, “el tema se resistía a construir un personaje, una máscara, una situación de representación. Nos fue ubicando en el tono y en la forma, nos fue tirando todo el tiempo hacia lo performativo y el diálogo real, la acción real con el espectador”.

Dentro de esos microrrelatos, saltan otros más relacionados a tensiones internas cocinadas por ambiciones de poder a toda costa. En ese instante, se produce un desvío de la atención. Se ilumina la sala y Mariela, por primera y única vez, interactúa directamente con el público. Si el tono había creado una cercanía palpable entre la luneta y el escenario, borrando de algún modo la convención de representación, en este pasaje de su historia la actriz se acerca al público y entrega, para que la pasen de mano en mano, una foto de ella siendo niña, acompañada del mejor amigo de su hermano.

De Samuel, Mariela recuerda la sonrisa. Fue Samuel, casi un hijo para la familia, quien corrió el rumor de que su hermano quería irse por el Mariel. Ello provocó un violento acto de repudio contra la familia. En Samuel se condensa la figura del traidor y el héroe, un personaje que también ha recorrido, en una repulsiva y cuestionable ambivalencia, nuestra historia.

La portada del programa de mano es Family Exiles, pintura del artista cubano Luis Cruz Azaceta, residente fuera de Cuba. Desnudos, cabizbajos, derrotados, cargando sobre sus hombros el sustento vital, rezume dolor y agonía. Son, en fin de cuentas, sobrevivientes, llegando o saliendo. Están en cualquier orilla, en cualquier lugar del mundo. También mientras escribo estas líneas, miles de personas están varadas, ahogadas o a punto de hundirse en el Mediterráneo, o bajo el sol de los surcos áridos y polvorientos del desierto, buscando siempre el norte, huyendo de la muerte más inmediata e innegociable: la de la guerra.

 “La pertinencia de hablar de esto es vital”, dice Mariela, café “del bueno” mediante. “No estamos en el punto de que se recupere la memoria, sino de que piensen en lo que está pasando ahora mismo. En la prensa se habla del problema de la migración en Europa, de la gente que está huyendo de sus países porque están cayendo bombas, pero no se menciona que en Cuba la gente está saliendo sin caer una bomba. No solo es por la ley de ajuste o la de ‘pies secos, pies mojados’”.

“Con la suspensión de esa política se pone un freno, pero la gente va a buscar otras maneras, ya las está buscando; las soluciones existen. Todavía hay gente lanzándose al mar con la esperanza de entrar y no ser capturados, de vivir ilegalmente como lo hace el resto de los latinoamericanos. El origen no está en la ley de un país. Es necesario hablar de eso ahora mismo”.

“En todos estos años, una y otra vez, la gente sigue yéndose. Hay que preguntarse qué hay que hacer para detener eso. Es cierto que la migración existe en el mundo entero, pero no en esa manera de estampida que ocurre por periodos”, dice Nelda mientras fija la mirada en los espectadores que al finalizar la función han aceptado la invitación de Mariela a acercarse a las fotos y leer las cartas que no fueron leídas durante el espectáculo. Es curioso, ninguno se sienta.

En los momentos finales, cuando una pantalla anuncia la partida, Mariela levanta una foto que ha permanecido sobre una silla. Es la suya. Se acomoda la mochila, los audífonos y sale. En esa misma pantalla, aparecen imágenes de cada momento del éxodo desde 1959. La voz de Willy Chirino y Celia Cruz se reconocen en el tema La Cuba mía acompañando el audiovisual.

Cierra, en total silencio, una serie de instantáneas actuales de cubanos en la travesía por la selva, una larga trayectoria que conecta, cual columna vertebral, el sur de América a su norte. “Ese fragmento está en silencio porque no puede haber distracción”, explica Mariela, “está pasando ahora mismo. Es un tema gravísimo porque la mayoría que se va son jóvenes y vivimos en un país que está envejeciendo”.

 “¿Dónde están los testimonios de la gente que ha sido extorsionada por los coyotes, los que han perdido todos sus bienes? Lo que está pasando ahora mismo en la selva debería darse a conocer para que la gente vea a lo que se expone. Porque se crea el equívoco de que no es tan difícil ni peligroso. No se trata como el horror que es. Eso hay que decirlo, plantearlo. Nosotras hemos tratado de hacer algo que de alguna manera hable de ese espanto, hacer conciencia de verdad”.

Para concluir nuestro diálogo, pienso en la pregunta que siempre me hacen cuando salgo de Cuba. Es una pregunta incómoda, una suerte de morbosa curiosidad para algunos. Al final, nos quedamos aquí o allá, es un verbo que sirve para ambas direcciones. Quiero que ellas me respondan: ¿Por qué se quedaron aquí?

“Yo me fui y regresé”, me dice Mariela. “No soporté el desarraigo. Me fui con toda la ilusión. En México estuve trabajando en el mejor lugar donde podía estar, ganando un buen sueldo. Pero era profundamente infeliz. No soporté esa infelicidad y esa soledad. Ya lo probé y sé que para mí es muy difícil la experiencia del desarraigo.”

 “En mi caso –comenta Nelda– fue un acto de resistencia. En los 80 no tenía dónde vivir, me botaron del ISA, me crearon una especie de expediente durante la profundización revolucionaria que sucedió en ese periodo en la universidad. Me expulsaron por un supuesto fraude que no cometí y nunca probaron. A la semana siguiente, en una reunión de depuración dijeron que yo escuchaba chistes contrarrevolucionarios y no les salía al paso. Pero ya no estaba en la escuela, no era un caso para depurar. Fue magnífico que me botaran por fraude y no por problemas ideológicos, de lo contrario no hubiera terminado mi carrera de teatro en ninguna escuela. Esperé un año y medio, y regresé a la universidad. En ese tiempo ocurrieron los sucesos de la Embajada de Perú. Todo el mundo pensó que yo me iría. Pero me dije “voy a volver a la escuela, me voy a graduar, y voy a ser actriz en mi país. Ninguna circunstancia me puede obligar a irme de mi país”. Y así fue. Esa es mi historia. Fue un acto de resistencia.”

Estamos terminando el café. “De El Escorial”, me dice Nelda. “Hago la cola bien temprano, lo compro en grano y lo muelo en la batidora. Así sé que estoy tomando café de verdad.” Y yo recuerdo a mis amigos que me envían La Llave. Cada cierto tiempo, llega la bolsita verde a mi casa. Nunca he visto su grano de café. No sé de qué tierra proviene.

Departures se presenta viernes, sábados y domingos, siempre a las 8:30 pm, hasta el 5 de marzo, en la sede de El Ciervo Encantado, en Línea y 18, El Vedado.

martes, 14 de febrero de 2017

DEPARTURES: obra-archivo y performance-testimonio

Jaime Gómez Triana
Tomado de Teatro en Cuba


También por Susana, Anabel, Pupo, Víctor, Baby,
Dayana, Pepe, Gisela, Jorge, Denise, Enma, Armando,
Isaily, Natacha, Ester María y Julieta.

El Ciervo Encantado, grupo teatral cubano fundado y dirigido por Nelda Castillo en 1996, ha venido desarrollando en los últimos años una noción propia de performance en escena. El concepto busca problematizar un modo de hacer que rompe con la noción de representación asociada al acto teatral, para instalar la obra en un presente urgente desde el que se propone al espectador una experiencia real aquí y ahora. 

Este proceso, que nació quizás de la interacción entre los primeros espectáculos del colectivo y los performances e intervenciones públicas que también hacen parte de su trayectoria artística, reivindica un quehacer transfronterizo, difícilmente encasillable que ha sido defendido a través de acciones de diversa índole, entre ellas la intervención digital (a través del correo electrónico), el café teatro, la colaboración artística con otros creadores y la gestión cultural, esto último mediante la programación que han diseñado y ofrecido al público desde su sede.   

Al plantear la estrategia de performance en escena la directora busca juntar la acción artística de autor, el compromiso ético y la investigación estética en una pieza que se realiza únicamente en el diálogo con los espectadores. De ahí que se mantengan nociones como función y temporada, propias de los modos de producción del teatro y que la escena, el escenario mismo y la platea, devengan privilegiada plataforma de encuentro que permite modelar, también con el uso de la iluminación y el sonido, el intercambio entre performers y espectadores.

La noción misma de performer, que supera la más tradicional de actor-intérprete, se reacomoda aquí para mostrar el cuerpo-mente sensible en acción de transformación y transgresión. No se trata de dar vida a un personaje que construye la ficción y es ficción el mismo. Si no de hacer presente a un ser que permita al creador viviseccionar aquí y ahora un tema, un tiempo y un contexto. La máscara canaliza y sostiene la experiencia de la obra al tiempo que expone al performer. Para Nelda Castillo el actor, la actriz, no es alguien que se exhibe sino que se expone a sí mismo, que conquista su propia libertad, su autoexpresión, que trabaja con aquello (temas, estrategias) que le es esencial y que, de algún modo se autodescubre, encuentra, revela y transforma en la medida que realiza una acción coherente con su verdadera y profunda necesidad. 


Para quienes hemos seguido el quehacer de este grupo no hay dudas de que la actriz que ha logrado una obra propia y significativa a partir no solo del entrenamiento, sino de la específica concepción del quehacer artístico que constituye la particular poética de la directora es Mariela Brito. Su propia biografía, su crecimiento profesional y humano, es indiscernible ya de la historia del núcleo de creación al que ha estado vinculada por más de veinte años, de ahí que no sea raro que sea su propia vida, su confesión y ella misma, sin  maquillaje, sin máscara, sin vestuario teatral el centro de la más reciente pieza de El Ciervo Encantado.

DEPARTURES, performance en escena estrenado el 10 de febrero de 2016, aborda de manera directa el tema de la migración, el cual ha sido central, si no en las obras mismas, sí en la estrategia de trabajo del grupo que, desde su fundación, ha indagado en la Memoria del ser nacional, del cubano, y ha explorado y reivindicado zonas marginalizadas de nuestro devenir como pueblo. Este camino los ha llevado a reivindicar la voz de autores olvidados, en algunos casos francamente desconocidos, cuyos puntos de vista permiten completar el modo en que nos pensamos. 

Acción-documento, performance-testimonio y obra-archivo DEPARTURES, construye un espacio amplio, tal vez una sala de espera de un aeropuerto vacío, en el cual la propia Mariela Brito narra su historia intentando descubrir los por qué de la salida del país de familiares, amigos e incluso de su propio viaje, en los noventa, cuando sin medios para mantenerse en La Habana, decidió partir a México. El recuerdo personal llega al espectador a través de la narración de momentos vividos por la creadora o por personas cercanas a ella que hacen parte de un imaginario general. 

Todos los espectadores tienen sus propias historias, su listado personal de causas y consecuencias. Espacios en blanco, vacíos, nostalgias, heridas, se acumulan para mostrar las marcas de la migración en el alma de la actriz. Más allá de su memoria, del sendero íntimo y subjetivo que traza y mediante el cual nos conmina a realizar un recorrido similar, están los retratos de hombres y mujeres, todos migrantes, con los que ha tenido un vínculo personal o, a través de la obra de algunos de los seleccionados, intelectual. Junto a los retratos, aparecen algunas cartas llegadas recientemente para apoyar una investigación y una obra que también deviene registro, archivo, mecanismo que se activa cuando la actriz decide leer alguna de ellas. La narración de Reinaldo Arenas sobre su salida por el Mariel también se incorpora a la colección que sabemos infinita.


Los testimonios introducen nuevos puntos de vista, y la pieza va pasando por momentos específicos: la Operación Peter Pan, el Puente Aéreo Varadero-Miami, Camarioca, los sucesos de la Embajada del Perú, el Mariel, la crisis de los balseros. Al final un grupo de fotos ponen rostro a aquellos que suele aparecer como simple estadística en informes oficiales o académicos. Las más recientes son fotos de hace pocos meses y que bien podrían ser de unas pocas semanas atrás o quien sabe de si del mañana. DEPARTURES ponen en lista acontecimientos que constituyen hitos en el devenir del país, de la nación, en la historia de las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, pero que son también sucesos que nos atraviesan a todos y todas, tremendamente importantes en la biografía de los cubanos y las cubanas, no solo de aquellos que por causas diversas, políticas, económicas, personales, salieron de su país, sino también de los que hemos permanecido en él. 

A la entrada de la sede de El Ciervo Encantado un mapa del mundo muestra los lugares diversos del planeta a los que han llegado los cubanos. Al final de la obra la actriz invita a recorrer el espacio de la pieza y los espectadores pueden ver de cerca las fotografías y leer incluso algunas cartas que antes no han sido leídas en voz alta por ella. Luego en la salida algunos recorren el mapa y solicitan adicionar puntos que conocen. De este modo la pieza se completa y al hacerlo logra sintonizar a cada cual con una zona de nuestro acontecer que no suele aparecer aquí en grandes planas o en espacios estelares, y que pareciera que también está ausente del cotidiano debate de la ciudadanía. Cuando los titulares de los grandes noticiarios marcan el fenómeno como uno de los grandes problemas del mundo contemporáneo, DEPARTURES nos recuerda que es también una realidad nuestra de ayer y de hoy. Hablar de ello es imprescindible si creemos verdaderamente en la posibilidad del mañana.  

viernes, 10 de febrero de 2017

Estreno de El Ciervo Encantado: Departures




El Ciervo Encantado, bajo la dirección de Nelda Castillo estrena el performance en escena Departures. Las funciones serán desde el 10 de Febrero al 5 de Marzo, viernes, sábados y domingos, a las 8.30 pm, en la sala del grupo de teatro en Calle 18 entre Línea y 11, en El Vedado. Las entradas estarán a la venta desde las 5 de la tarde los días de función.

sábado, 23 de julio de 2016

De “Triunfadela” a “Cubalandia”


De Nelda Castillo. Actuación y performance, Mariela Brito. Diseño y producción, El ciervo Encantado. Telón, “Doble moneda”, por el artista plástico Lázaro Saavedra. Asistente, Jaime Gómez Triana. Dirección general, Nelda Castillo


Por Manolo García Oliva



Cuando se nos ocurre cavilar de manera insistente acerca de lo sublime, lo regular y lo mediocre, una idea fija emerge insistentemente de nuestros pensamientos. La creatividad del artista, ya así sea escritor, cómico o director. Y es cuando entonces se nos ocurre en echar un vistazo atrás y recordar un memorable trabajo del grupo El ciervo encantado, procedente de la Habana, que lidera la teatrísta Nelda Castillo y que el año pasado nos deleitó con su visita y la puesta de “Triunfadela”, y que sirvió para tropezarnos con una actriz ASÍ DE GRANDE: Mariela Brito.


Por eso cuando nos enteramos que “El ciervo…”, aterrizaría de nuevo en “La gran manzana”, de verdad que contamos los días para nuevamente estar frente a frente a tan excelente, creativo y auténtica “troupe”.

Pues llegó el día y el pasado domingo 10 de julio en la sala “Rafael Villalona”, sede del Comisionado de Cultura Dominicano en nuestra ciudad, tuvimos la oportunidad de presenciar un espectáculo único en su clase: “Cubalandia”, creado, concebido, escrito y esculpido por Nelda Castillo, para servir los intereses artísticos de una actriz tan alta como la copa de un pino, Mariela Brito.

 La Brito es una caja de sorpresas en cada trabajo que acomete, si en su Porompompóm, fue una mezcla entre un Chaplin antillano, con secuencias de Buster Keaton y Harol Lloyd, su Yara la China, posiblemente es la quintaesencia del teatro vernáculo cubano puesto en presente y con todo el “melting pot”, que acarrea personajes tan reales como el negrito y el gallego, la mulata y el buscavidas, parte tan sabia e integral de nuestra esencia nacional: el pueblo cubano de a pie.

“Asere qué volá”, dice Yara la China, con sus dientes de oro, su desfachatez y su prominentes labios y figura, tratando de sobrevivir, y vendiendo algo con las dos monedas circulantes en el país. Ella en ese enorme trajín de supervivencia te vende excursiones a lo largo de toda la isla, y siempre recordándote que lo invertido se te va a multiplicar de tal manera que vas a regresar cargado de dólares a la Yuma, (Estados Unidos).


Su comunicación directa con la audiencia es tan locuaz que parece que la tienes al lado en todo momento, y su gira por todo el país te lleva a una descripción geográfica muy detallada de Viñales, Varadero, Trinidad, Las Tunas y Santiago de Cuba.

El texto de Nelda Collado, es hondo, descarnado, real y lleno de un gracejo caribeño muy honesto y carente de cualquier “cliché” y su dirección precisa y limpia.

El pasacalle que funge como único elemento escenográfico muestra un mapa fragmentado de Cuba, donde a ambos lados de este aparecen las monedas circulantes en esas respectivas áreas.

Una labor memorable de las excelsas Mariela Brito y Nelda Castillo con esta “Cubalandia”, quienes han dejado establecido la calidad artística que vive en ellas.


No sabemos con cuanta premura Nelda Castillo, nos traerá su más reciente trabajo que lleva por título “Guán Melón. Tu Melón”, y que es una mirada incisiva al presente cubano. Pero ella nos dijo en un aparte después de la representación: “es una producción más costosa, ya que envuelve a 6 artistas, pero eso no importa, debemos empezar a colectar fondos, para traerla sin dilación a esta gran ciudad”.

 

jueves, 14 de abril de 2016

Sobre Guan Melón!! Tu Melón!!: Cuba como escenario

Por Ana Niria Albo Díaz
Tomado de:  http://cubacontraluz.com 


Hace casi un año escribí unas líneas que no publiqué. Me autocensuré como casi siempre sucede. Las repienso ahora porque la circunstancia es similar. He visto la más reciente producción de El Ciervo Encantado. He caminado a través de la calle Línea como quien fuera a llegar a Playa pero no lo hago. Doblo en 18. Llegamos y la gente espera afuera. Sabía que llegaríamos y no podríamos entrar. Última función de la temporada. Las entradas están agotadas, me dice una amiga, pero estamos para la cola de los fallos. Alguien agarra un programa y lo leo un poco, como por arriba. De alguna manera me imagino por dónde irán los tiros. El cartel pudiera adelantar. ¿Un crucero o un ferry? No lo sé a simple vista. Dos nubes de texto: Guan Melón!! Tu Melón!!

El espectador tiene la libertad de crear su propio sentido. No hay ataduras, ni esquemas. Las ataduras las tuvo otro personaje, Mariela Brito, cuando arrastraba la carretilla. Si no querías verlo, si te has pasado toda tu vida ignorando esa otra realidad, el teatro te la pone de frente sin otro diálogo que aquel que se desarrolla en tu mente y te obliga a pensar, no como antes en lo que se dice, sino como si solo estuvieras en el Parque Vidal de Santa Clara, sentada en un banco, con el background de Radio Enciclopedia en la oreja y en la mente y un mulo te pasara por delante.

Hace casi un año “disfruté” Rapsodia para un mulo. La “gocé” en ese acto de reflexión, de pensarnos, al que nos invita siempre este grupo. Ahora, después de calmar la sensación de haber llegado para irme sin ver la obra, en medio del murmullo de los que esperamos sale una joven que podría haber sido yo y anuncia que es estudiante de la Escuela Nacional de Arte, pero que para pasar el mes ayuda al grupo en las presentaciones. Pide que apaguemos los celulares y anuncia la prohibición de grabar.

Entramos y en el escenario a nivel del público se anuncia una boya de mar, allí dos mujeres esperan. Ya sé por descarte que una de llas es Mariela y la otra según el programa es Olivia Rodríguez, artista visual y fotógrafa. ¿Actuando? Pronto sabré que sí.

La obra puede transcurir en La Habana Vieja, y aunque me encantaría dialogar sobre lo teatral creo que me limitaré, de la puesta, a lo que un amigo llama sociológico.
Cuba como escenario, Cuba trending topic. Dos personajes en una boya que puede ser cualquier esquina de Obispo o de una feria, de esas que venden para extranjeros, de las que no venden para mí sino para ellos.

Hay de todo en esa boya/esquina. Todo se vende, todo se comercializa. La sonrisa, la canción, los símbolos… La boya/esquina es también una vitrina aunque las que venden no lo saben. Pero es una vitrina doble: no solo ellas miran como artículo novedoso a ese que llega de afuera, de un afuera marcado por nuestras aguas y nuestro viento; sino que ese o esa que llega les ve y les observa desde su propia vitrina. Se vende tabaco, se anuncia: ¡Maracas, compre maracas!, billetes con la imagen del Che y todo cuanto aparezca. La imagen Cuba es entonces cruenta. Nuevamente el teatro te pone delante lo que no quieres ver.

Aparece la joven de nuevo. Sí, esa que podría haber sido yo. Repite en retahíla que su nombre es Yindra y es estudiante de la Escuela Nacional de Arte y solo cambia en el texto los oficios que realiza. Son múltiples. Vendedora de bombones que trae de su natal Guantánamo, bailarina en un centro nocturno, estatua viviente, guía de turismo… La lista es larga y la sonrisa forzada amplia. ¿Pasar el mes? Es ese el objetivo propuesto.

¿Pasar el mes, sobrevivir, luchar? Son diferentes vocablos que dialogan sobre una forma de vida que, en última instancia, sé que la obra no pretende juzgar. La puesta va más allá. Presenta la realidad en un acto de ciudadanía crítica. Lo importante es que te deja pensando en los porqués. Probablemente haya espectadores para los que Guan Melón!!… haya sido una comedia en la que la risa no les dejó ver más allá. Es cierto que lo caricaturesco es un arma usada, pero es un arma de doble filo.

Esta no es una obra alegre, aunque la risa esté a flor de labios. Es más bien una obra triste. Una pieza que habla de una Cuba que está construyéndose estrepitosamente y muchos no ven. Habla de una avalancha para la que me pregunto si estamos preparados. Habla de imaginarios que se negocian a diario y de estereotipos mutantes. Pero también de una historia social que pudiera repetirse. No por gusto se utiliza música popular de antaño. Se refleja eso que hoy se pasea por todas las esquinas de la esfera pública virtual: una imagen Cuba que parece haberse detenido en el tiempo. La añoranza por una Isla cincuentona que navega en el siglo XXI como si estuviera en la primera mitad del XX, también pudiera ser una lectura que nos está dando vueltas de a poco.

Aunque el teatro no es reflejo exacto de la realidad, como muchos quisieran, esta presentación me sorprende con una cadena de estudios e investigaciones que el grupo sustenta y que parecen anclar y develar esa realidad. Lo ha venido haciendo de a poco: Visiones de cubanosofía, Cubalandia, Rapsodia para un mulo y Triunfadela. Cada una de ella es un telescopio de indagación artística desde la Cuba actual. Si según Erving Goffman la identidad es una consecuencia de la dramaturgia social, y el personaje principal es el individuo en el teatro que es el mundo social, podemos decir que esta es una pieza donde el teatro expone de manera bastante clara nuestro teatro contemporáneo, nuestra vida social más contemporánea, nuestras problemáticas más acuciantes.

Incluso para muchos que cantan en las esquinas de cualquier callecita de la turística Habana, la noción de lo que se avecina es mínima. Sin embargo, los personajes de Guan Melón!! Tu Melón!! lo saben bien. Ya lo vivieron en otra dimensión. Esa que ocurre en el momento en que se está en escena y suena la sirena de un barco. Ese que aparece en el cartel y anuncia una avalancha.

En esa libertad que me permite hacer mi propia lectura me agoto. Camino y me reconfiguro. Pienso en lo que he escrito sobre esta Isla que es muchas islas. Me concentro en el devenir y en cuánto creo es cierto de su existencia. Repienso los mitos que la envuelven, esos que hablan de un estar aquí o de un estar allá, y reflexiono sobre lo simbólico de estar pensando en esto, aquí y ahora.

Regreso por Línea. El apartamento de una amiga sirve para el hervidero a estas ideas. Se trata al final de reflexiones -decisiones- individuales, pero compartir una lectura es también una manera de aportar al debate social. Acaso eso es también lo que hace El Ciervo Encantado, comparte su visión en pos de un debate posible en torno a una Cuba que no es una sino muchas, y como tal hay que actuar. La obra, entonces, no es representación sino presencia, acción viva que ejerse su poder ciudadano.

Fuente:  http://bit.ly/1p4pFrr