lunes, 1 de junio de 2015
Interviene El Ciervo Encantado en presentación del catálogo de la expo Añejo 27 de Lázaro Saavedra en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam
PALABRAS DE
LA COMPAÑERA CHELA
Compañeras y
compañeros nos reunimos en la tarde de hoy para hacer entrega del Premio del
Concurso Nacional “Arte y Combate” convocado por el Sindicato Nacional de
trabajadores de la cultura, organización no gubernamental, y miembro activo y
entusiasta de la sociedad civil cubana, LA VERDADERA SOCIEDAD CIVIL….!!!!.
Presiden
este acto:
- El
compañero Jorge Fernandez, director del Museo de Arte Contemporáneo Wilfredo
Lang
- El
compañero Chicho, director del Fondo Cubano de Viernes Culturales
- El
compañero Rubén del Valle, presidente del Consejo Nacional de Artes Prácticas
- y una
servidora la compañera Clotilde Pérez (más conocida como Chela), en
representación del sindicato nacional de trabajadores de la cultura.
A
continuación daré lectura al acta final del jurado:
Compañeras y
compañeros, después de 27 años de minucioso análisis, discusión, debate y
profundización, y teniendo en cuenta la calidad de las obras presentadas
y otros aspectos no menos importantes como:
- Asistencia
y puntualidad.
- Disciplina
laboral
-
Participación en las actividades político-culturales
- Pago de la
cotización de las CTC, UJC, y MTT
- Actitud
ante la defensa.
-
Participación entusiasta en los domingos rojos
-
Cumplimiento de la guardia cederista
-
Mantenimiento y cuidado del Rincón Martiano
-
Actualización del mural
- Limpieza y
embellecimiento de áreas verdes, y
- Sobre
cumplimiento en las donaciones de sangre.
El
Secretariado Nacional declara como finalistas del concurso “Arte y Combate” a
los siguientes compañeros………(…….hay nervios):
1. Ana Albertina Delgado
2. José Adriano Buergo
3.
Ermy Taño Carrillo
4.
Ciro Quintana
5.
Osvaldo Matamoros
6.
José Márquez Valdéz
7.
Luis Pablo Jiménez
8. José Felipe Hernandez
9. Jesús Gastell
10. Jesús Rivera
11.
Ernesto Galbán
12.
Luis Oscar Duque Sánchez
13.
Octavio César Marín
14.
Alejandro Aguilera
15.
Orlando Silvio
16.
Juan Arel Ruiz
17.
Robaldo Rodríguez
18.
Pedro Rivera
Y otorga el
Premio a…………… (……..hay nervios)
LÁZARO
SAAVEDRAS GONZÁLEZ…!!!!
El
secretariado nacional felicita a los artistas nominados y los exhorta a
continuar esforzándose.
Así mismo el
Secretariado Nacional recomienda al artista Saavedras continuar trabajando en
pos de superar algunas deficiencias encontradas en la obra presentada como por
ejemplo:
- problemas
de caligrafía
-
dificultades en de dibujo de los héroes y mártires
- uso
indebido de malas palabras
- y pésima
representación de la figura humana
Dado en La
Habana, a los 6 días del mes de Julio del presente año.
Como fue
anunciado el día 17 de diciembre de 1987 en la convocatoria de nuestro
concurso, este premio consiste en la entrega de diploma y la publicación de la
obra ganadora.
Hace entrega
del diploma el compañero Jorge Fernandez, Director del Museo de Arte
Contemporáneo Wilfredo Lang
Hace entrega
de un ejemplar de la obra publicada el compañero Chicho Director del Fondo
Cubano de Viernes Culturales.
Como se puede
apreciar este valioso catálogo cuenta una preciosa encuadernación de color rojo
que representa el espíritu aguerrido de nuestro pueblo y en su interior podemos
encontrar, además de la combativa obra del artista Saavedras, las emotivas
palabras introductorias de la compañera Mariana, miembro del buró nacional de
nuestra organización.
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lunes, 25 de mayo de 2015
Triunfadela en la 12 Bienal de La Habana
El Ciervo Encantado como parte de la 12 Bienal de La Habana presentó, en su sede de 18
entre línea y 11 en El Vedado, el performance en escena Triunfadela. Las
presentaciones tuvieron como invitados a tres artistas patafísicos,
representantes de tres generaciones de creadores cubanos de las artes
visuales: Lázaro Saavedra Nande, Mayim-B y Nicolás Guillén Landrián. Aquí van algunas fotos de este fin de semana.
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Mariela Brito en Triunfadela,
iluminada por los celulares de los espectadores durante el apagón que quiso
interrumpir, sin lograrlo, la función del viernes 22 de mayo.
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| Lázaro Saaverdra Nande en la función del pasado 22 de mayo |
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| Mayin-B en la función del pasado 23 de mayo |
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| Foto fija del documental taller de Línea y 18 de Nicilás Guillén Landrian. |
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lunes, 11 de mayo de 2015
Triunfadela: díptico escénico del poder y la locura
por Yohayna Hernández
“Pero bueno, ustedes nacieron para vencer. Así
que, arriba que este es tu momento”
Variedades
Galiano, El Ciervo Encantado
Tengo que comenzar estas
palabras con una confidencia: mi disfrute desbordado del café-teatro La última (es)cena de El
Ciervo Encantado y, en particular, de la mesa de la crítica en la que yo
aparecía como una de las voces (re)presentadas. Estar frente a esa copia, cual
doble teatral… ante la recurva de la imagen (de)formada, los gestos, los
pensamientos, los conceptos, las batallas y las “luchitas” que uno sitúa en los
terrenos de la crítica teatral, lo leía como una burla, una ironía, un compromiso,
un choteo, una crítica de la crítica de un alto nivel de elaboración formal. No
paré de reír y de pensar, de mirar(los), mirar(me) y mirar(nos) con la misma
desolación que otras máscaras y seres de El Ciervo Encantado me han producido
en mis encuentros sistemáticos con su poética como espectadora.
Hay en las artes en Cuba, y
en el teatro por su naturaleza esto cobra mayor fuerza y peso, la voluntad de
constituirse en una cierta sintomatología de la sociedad en contraste con los
discursos y las ficciones que se elaboran desde las instituciones de poder.
¿Qué relación hay entre la Cuba que uno vive, la Cuba que se fabrica en la
literatura, el cine, las artes visuales, el teatro y la Cuba de los medios de
comunicación, los museos, las organizaciones de masas y políticas, la
televisión cubana, las consignas, las vallas y la iconografía de la ciudad? ¿Cómo
“machea” una superfi cie con otra, “la Revolución pujante y victoriosa sigue
adelante” con “el si no sabes no te metas”? ¿Los cincos con el sexto?
Triunfadela, el nuevo
perfomance en escena de El Ciervo Encantado, pone encima de las tablas el
arquetipo del poder en Cuba. Una especie de Superman reciclado (con su capa de
naylon, cuchara por nariz, “cubo” en la cabeza y botas con espuelas), con una
enorme panza cual Ubú Rey a lo cubano y dos micrófonos (tuberías) que le salen
del estómago, de las tripas. Este ser monstruoso, cuyo discurso político se
elabora desde la panza1, nos intimida y nos provoca con tres gestos repetitivos:
el puño apretado y enérgico (como objeto parcial), una mirada fija que te
atraviesa, te interroga y te excita y el “parapanpan” (guachineo político,
hipertrofia del lenguaje), síntesis de lo ejecutable y lo indecible, voz y
ritmo de la arenga política cubana.
Sin embargo, aunque esta
parodia, artificio, máscara del poder que nos habla desde una tribuna escénica
pudiéramos leerlo como la exploración central de Triunfadela, considero
que a las lecturas que se van por este camino, se les agota muy rápido la
propuesta. Porque Triunfadela no pone el dedo únicamente –al menos desde mi
experiencia como espectadora que lo disfruta a unos niveles inexplicables–,
sobre la llaga de la representación del poder. Triunfadela explora, de
forma crítica, el “nosotros” como público en relación con ese arquetipo, con
esa energía. Digamos que el “progreso”2 de esta obra patafísica3 de El Ciervo
hay que pensarlo más en términos relacionales que discursivos o narrativos.
Fijémonos cómo en el programa de mano el público asistente forma parte del
equipo de creación. El público como espacio de posibilidad de existencia de la
obra. De este modo, la paradoja que me plantea Triunfadela es cómo
librarme de esa dimensión monstruosa, de ese “parapanpan” (simbólico y real) al
que respondo (y respondemos) de manera automática.
Que una obra me provoque y
me distorsione en esos términos, que me saque de mi espacio de control, de mi
comodidad reflexiva o sensorial desde la autonomía de la forma teatral, es algo
que persigo en mis cacerías de espectadora e investigadora. Porque creo en “la
impertinencia” de esos dispositivos como idea del teatro y del arte hoy. En la
poética de El Ciervo Encantado hay una dramaturgia profundamente crítica y
lúdica a un mismo tiempo. Nelda Castillo combina, y Triunfadela es otra
muestra de ello, una lógica del divertimento popular con otra de la distancia
crítica. Y estas operaciones no solo funcionan a nivel de construcción
dramatúrgica, sino desde la propia naturaleza de los materiales (musicales,
escénicos, visuales, audiovisuales, actorales y las fuentes de investigación)
que la directora fusiona.
A partir de este ángulo Triunfadela se presenta
como un díptico o estructura abierta y pendular entre la ironía iconoclasta de
Nicolasito Guillén Landrián (Taller de Línea y 18) y la
cívica y parodia escénicas de Nelda Castillo, entre el espacio de actuación de
Mariela Brito, esa actriz que traduce desde una constante metamorfosis corporal
la estética de El Ciervo y el espacio del testimonio, del joven estudiante de
Artes Plásticas en Servicio Militar Activo, Lázaro Saavedra Nandes, entre el
espacio del decir (la tribuna desde la que habla el arquetipo del poder, el
proceso asambleario de los obreros del taller en el documental proyectado, el
discurso que como espectadores tenemos que reproducir y aplaudir en la asamblea
escénica cuando “nos dan la palabra”, en el que todo es éxito, meta cumplida,
progreso económico, social, científico, educativo según la visión de los fragmentos
extraídos de nuestra prensa plana oficial) y los modos del hacer (el
entrenamiento militar que reproduce escénicamente Lázaro Saavedra Nades, la
reacción ante la participación escénica4 a la que somos convocados como
público: los aplausos, ovaciones, las maneras de leer los diferentes
comunicados y la votación “unánime” final.
Y justo en esta distorsión
entre lo que se piensa, lo que se dice, lo que se hace
y lo que se ve, en las fi
suras entre estos espacios, aparece el paisaje de la locura (que nos incluye
también como público). Y en ello se concentra la fuerza política del presente
performance. Porque lo interesante de este díptico del poder y la locura es
cómo lo anterior está traducido formalmente en la estructura profunda de Triunfaleda. Nelda
Castillo construye un universo escénico fragmentado en el que los espectadores
funcionamos como bisagras. Esta forma del collage contiene en sí misma una
autocrítica que se produce desde la combinación de los materiales y permite la percepción
consciente del choque de un mundo oculto en otro: la precariedad material,
espiritual y cívica tras la imagen triunfalista (“Nuevos retos, nuevas
victorias”) del discurso del poder.
Tanto en Variedades Galiano y Rapsodia para el
Mulo,
como en Cubalandia
y
Triunfadela
observo
un desplazamiento en esa metáfora de lo cubano que El Ciervo Encantado elabora.
Desde una urgencia por conectarse con zonas más específicas de la Cuba actual,
irrumpen en el escenario subjetividades como la Claria, el Mulo, la China, el
Cabilla…, mezcla de lo ficcional y lo real (el buzo, el carretillero, el
cuentapropista, el ex presidiario), cuerpos que documentan el fracaso de la
utopía política. Esta deriva escénica de los excluidos, estos ingredientes que
quemaron el ajiaco y que emergen del fondo del caldero social a la superficie
del escenario (“en fi la india y con entusiasmo”)5, producen una apertura
formal en la naturaleza de los materiales y en las maneras de componerlos, las
grietas de lo real descarnado6 atraviesan entonces el paisaje simbólico.
Y más allá de lo que puedo
poner en ideas, hay algo que me emociona de Triunfadela. Ver el
documental de Nicolasito Guillén Landrián, Taller de Línea y 18 (1971), más
de 40 años después, en el Taller de El Ciervo Encantado. Hay una mística del
espacio y del tiempo en el acto de mirar ese documental en ese lugar. Un ahí y
ahora teatrales que se refuerzan ante el acontecimiento de develar
escénicamente que habitamos un espacio marcado por las huellas de la cultura
(humana, histórica, artística y política)7. Y lo anterior se hace visible en el
diálogo entre la obra audiovisual de Landrián, el espacio físico y el
performance en escena de Nelda Castillo. Y para mí, como espectadora, ese gesto
también se convierte en una obra que se llama Triunfadela. Como
igual de emocionante es disfrutar el testimonio del joven en servicio militar y
pensar el diálogo artístico entre la obra de Lázaro Saavedra (padre), la
exposición actoral del hijo y la poética de El Ciervo Encantado. Y para mí,
como espectadora (repito), ese gesto también se convierte en una obra que se
llama Triunfadela.
Notas:
1 Mientras miraba esta
máscara pensaba en la puesta en escena La panza del caimán, del grupo
camagüeyano Teatro del Espacio Interior.
2 No me gusta esta categoría
para analizar las estrategias de construcción de este tipo de teatralidad, pero
la utilizo conscientemente para estar a tono con algunos amigos con los que
discutía sus impresiones sobre la obra y me planteaban que no “progresaba”.
3 Así la definen las
palabras del programa de mano.
4 Hay una relación entre
participación escénica y participación política que la obra plantea de modo
bien crítico. Desde los momentos más notables como cuando le dan la palabra a
los espectadores y les entregan por escrito lo que tienen que decir, o cuando
hacen la votación y declaran una unanimidad que no es cierta, hasta las
reacciones y relaciones particulares de los espectadores a partir de la interacción
con la propuesta. Tuve la posibilidad de ver dos funciones completamente
diferentes debido a ello.
5 Nelda Castillo: “Variedades
Galiano”, en El
Ciervo Encantado. Textos de la memoria, Editorial Letras Cubanas, La
Habana, 2012.
6 Grafitis, grabaciones,
audiovisuales, el orine de la actriz en Variedades Galiano y en Rapsodia…, la prensa
plana, por solo poner algunos ejemplos.
7 Una sensación similar
sentí en el café-teatro La última (es)cena cuando develaron el vitral de su
sede anterior, la capilla de la Casa de 5ta y D, en la que falleció el general
Máximo Gómez.
Tomado de El Comején, Boletín Digital de Crítica de Espectáculos, Marzo-Abril de 2015
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