martes, 14 de julio de 2015

'Triunfadela': el tonto de la tribuna



Por Esther María Hernández
Fuente:  www.diariodecuba.com

Con el resplandor del Hudson, visible desde la esquina, la tarde lluviosa prometía componerse: la calle 145 de Harlem se iluminó desde el oeste y nos permitió encontrar el lugar. La sala del Comisionado Dominicano de Cultura en Nueva York comparte local con una congregación pentecostal, cuyo cartel lumínico corta en perpendicular la acera y detiene al paseante con una promesa de salvación en rojo sobre fondo blanco. "¿Será aquí?", nos preguntamos. "Dios les bendiga", responde el hombre que abre desde adentro la puerta de vidrio. Habremos anotado mal el número, o la sala estará en otro piso. Cualquier cosa es posible en estos edificios viejos. "¿Vienen al teatro…? ¡Adelante, bienvenidos!"

He visto espectáculos de El Ciervo Encantado en muchos locales diferentes, y subo las escaleras al segundo piso aventurando hipótesis sobre lo que podrá ser este cruce entre la estética subversiva de la compañía y la circunspección de un templo evangélico. Pero estamos en Nueva York y los fieles son dominicanos: las fronteras se desdibujan, lo esperable puede llegar a ser su contrario. En la escalera aparece el primer indicio: pedazos desiguales de cartón me revelan de qué manera oscura y por cuánto tiempo permanecen conmigo frases que creía sepultadas: "¡Aquí no se rinde nadie!", "Convertiremos el revés en victoria", "El futuro pertenece por entero…". Los carteles improvisados no cuelgan de las paredes ni descansan en los escalones; los espectadores no tendrán otro remedio que pisotearlos para acceder a la sala. Antes —ayer, hace veinte años o veinte minutos— "ondearon aguerridos", ahora son un estorbo. Para mí, funcionan como migas de pan para la memoria.

Cuando la sala se apaga regresan los carteles. Un corto en video, Materia prima, del joven realizador Sergio Fernández Borrás, los muestra en su entorno natural: la madrugada que antecede al desfile del Primero de Mayo. Las consignas saltan del papel al reguetón, las fotos se agitan a ritmo de conga. La vigilia entusiasta y combativa se exalta ante la cámara —¿los filman? ¡pues a mostrar fervor se ha dicho!— y la noche se llena de "vivas" a cuanto nombre quepa en el santoral patriótico, y de "abajos" a cuanto enemigo pasado o presente venga a mano. Carteles, carteles y más carteles. Consignas y altavoces, intensidad de enardecedores profesionales que deben mantener despierto al personal, mostrarle al mundo que aquí sí que no. De 25 minutos de pachanga combativa, apenas cinco muestran el desfile —hay que pasar de prisa frente a la tribuna, los alaridos pertenecen a la fase de calentamiento nocturno, lo importante ahora es irse a casa, recuperar el resto del día feriado—. Los tres, quizás dos últimos minutos, se concentran en el paisaje después de la batalla: banderitas de papel pisoteadas, pancartas abandonadas, un hombre que mira a la cámara de soslayo mientras trata de recuperar un pedazo de cartón. Materia prima.

Comienza entonces el otro desfile, la concentración más literal: el espíritu de la masa se hace cuerpo en La Bola, que entra al espacio a contratiempo de una marcha, tan marcialmente como le es posible. Un balde invertido con cuchara adosada le cubre cabeza y nariz, en un amago de yelmo que le divide en dos la cara. La capa es de polietileno raído, los ojos desorbitados. Caballero enajenado, superhéroe de pacotilla. Bajo el brazo, un fajo de papeles. De la barriga descomunal despuntan dos cables que terminan en tuercas: apéndices de mutante, imagen de micrófonos incorporados al orador como antenas de insecto. Busca el podio, se yergue y da inicio a su triunfadela con el ímpetu de quien entona perennemente cantos de júbilo y ha tomado apenas un receso, una breve pausa para acomodarse la capa o ajustar los micrófonos.

Mariela Brito es precisa y provocadora: gestos mínimos y esenciales, una estudiada máscara facial y un trabajo de voz y enunciación que revelan la intensidad de la búsqueda actoral de El Ciervo…, se unen a un control total de la energía de la sala. Nada se le escapa a La Bola.

Varios locos del folclor habanero me vinieron a la mente durante el discurso de La Bola: un ciego joven y rollizo de ojos azules que llevaba casco de constructor y, desde el primer asiento de cualquier guagua que lo llevara a recorrer la ciudad, hacía comentarios de actualidad; un negro alto y flaco lleno de medallas en el pecho de la camisa hecha jirones —probablemente un veterano de Angola— que invocaba a Maceo y Máximo Gómez y se ponía a disposición de quien le diera la orden de atacar al enemigo imperialista; el rubito joven que manejaba un ómnibus imaginario por 23, de La Pelota a Rancho Luna, y disfrutaba las tardes de lluvia que le garantizaban público para sus declaraciones en contra del Gobierno. Los transeúntes no tenían muchas opciones: escuchaban riendo con disimulo sus arriesgados desvaríos, asumiendo una complicidad no por fortuita menos complicada, o se empapaban.

Una ciudad de locos discurseros, augures o fanfarrones, aterrados o aterradores. Charlatanes alucinados e irremediablemente políticos. Como La Bola, cuyo escenario mental transcurre entre la concentración y la asamblea, y cuyo repertorio verbal se compone exclusivamente de frases extraídas de la prensa. A medias entre locutor de noticiero y secretario local del sindicato, desgrana consignas en tono agorero y heroico, canta la apoteosis de la victoria con trompetas celebratorias intercaladas: "pom po rom pon pom pom…".

Nelda Castillo ha creado la dramaturgia de la performance a partir de textos reales de la prensa cubana, desde la década del 60 hasta la actualidad. Ni una sola línea ha sido creada: todo es cita, reproducción, resonancia. Lo escrito para ser leído, repetido e interiorizado con fervor y credulidad de idólatras —consuetudinariamente ignorado o sometido a burla por cinco décadas— se articula en la enunciación de una voz que le confiere su peso real: el delirio de un lunático. La solemnidad revela, en la voz de La Bola, su naturaleza demencial.

La arenga se extiende entonces al cónclave cuando de su fajo de papeles extrae diversos informes que serán leídos por "compañeros" del público. "Elegidos democráticamente por el pueblo" porque "aquí todos tienen voz y voto", los improvisados delegados al magno evento dan lectura al reporte de cada comisión: economía ("Se asegura una inminente cosecha histórica de cacao. Avanza el rescate del limón…"); educación y ciencia ("Tenemos a los científicos trabajando infatigablemente en la búsqueda de bacterias. Y tal es la consagración de este sector ejemplar que se disponen a comprobar la efectividad de sus productos farmacéuticos sobre sí mismos, e incluso sobre sus familiares"); y cultura, deporte y recreación ("Podemos decir que nuestro país celebra un huracán de actividades, donde calidad y diversidad marcan la diferencia (…) hoy nuestro movimiento deportivo se mantiene como una potencia, sin renunciar a hacer del deporte un derecho del pueblo").

Por último, un representante de la tercera edad da lectura —autocríticamente, no faltaba más— a los errores que el proceso ha generado: el descuido de la flora y la fauna, las ilegalidades de la vivienda, la sobreproducción de clavos y el respeto al orador. Emocionada, La Bola somete a votación el compromiso de "erradicar de raíz de una vez y por todas estos errores y tendencias negativas".

Sin otra alternativa que entrar en el juego, ritual dentro del ritual, los espectadores reproducen el ritornelo de la triunfadela: todos a favor, nadie en contra, nadie se abstiene. La Bola está feliz y convoca a marchar "como un mar de pueblo" antes de abandonar el espacio en busca del próximo podio y a los acordes de otra marcha.

La eucaristía se revela unánime y liberadora. El misterio evangélico y el absurdo cubano se tocan y se reconocen. Los espectadores dominicanos aplauden a rabiar y los referentes cubanísimos de El Ciervo Encantado se encuentran con Macbeth. No puedo imaginar una recompensa mejor a la devoción y el talento de estas mujeres y sus colaboradores.

El teatro regresa al teatro. Desde sus micrófonos improvisados y la desmesura de sus ojos, La Bola insiste en su pom po rom pon pon: el cuento narrado por el idiota con el que Shakespeare compara la vida. El ruido y la furia.

Vínculo: http://bit.ly/1MrBpe1

martes, 30 de junio de 2015

Triunfadela en NYC




Por Pablo Garcia Gamez*
 


Domingo 21 de junio, Nueva York.  Alto Manhattan, Calle 145 y Broadway, enclave dominicano.  Cierre del Festival de Teatro del Comisionado de Cultura Dominicano con Triunfadela, de El Ciervo Encantado.  Presentación pautada para las 6:30pm, hora inusual para convocar en el teatro hispano de Nueva York.  Además llueve un pelín: la presentación comienza pasadas las siete.  Al subir hacia el segundo piso donde se encuentra el teatro, en las escaleras se ven letreros alusivos a concentraciones, marchas como “Pa’ lo que sea” o “Fieles a nuestros principios”.  

Se inicia la función como una toma abierta.  Se proyecta el documental Materia Prima, de Sergio Fernandez Borras, sobre una marcha en La Habana.  Pancartas con los cinco héroes cubanos, el monumento Martí; dos mujeres llevando gorras venezolanas.  Calles inundadas de gente, de caras lindas como cantaba el gran Maelo.  En el video se juntan el discurso oficial y el carnaval batjiano, seriedad e irreverencia, compromiso y juerga.  

Termina el video y comienza la toma cerrada. Aparece Porompompón, líder que se dirige a los manifestantes: nosotros.   Posteriormente nosotros nos convertimos en líderes y nos dirigimos al pueblo.  La palabra toma otros matices; no es que pierda su significado: es que se encuentra con otros significados.  Es reunirse en el acto “formal” y hablar sobre todo lo que queramos y podamos y a fuerza de palabra desarrollamos un mundo alterno.

Mariela Brito es una actriz excelente. Al final de la pieza recibe un montón de aplausos más que merecidos.  Su Porompompón con sus pausas, movimientos, entonaciones, miradas es uno de esos trabajos meticulosos que celebran el oficio de la actuación.

Otro punto a remarcar.  El montaje de Triunfadela es sencillo; no obstante, su conceptualización es profunda por lo que se puede leer desde diversas ópticas.  Al terminar la función alguien gritó “¡Viva Fidel!” mientras que un amigo se me acercó para decirme “Igual que tu Maduro”.   

Carlos Sánchez al final tomó la palabra e insistió aclaró que era una obra que se presenta en La Habana -no Miami- porque la función del artista es criticar su contexto. 

*  Dramaturgo venezolano.

lunes, 15 de junio de 2015

Triunfadela en Nueva York



El Ciervo Encantado participará próximamente en el V Festival de Teatro Hispano de Nueva York. El grupo cubano presentará en esa ciudad el performances en escena Triunfadela, con el cual participaron hace unas semanas en la muestra oficial del 12 Bienal de La Habana. 

La pieza cuenta con la interpretación de Mariela Brito y dirección de Nelda Castillo y podrá ser vista en función única el próximo domingo 21 de Junio a las 6:30 pm, en la sala Rafael Villalona, en el 541 West de la calle 145, 2do. piso, casi esquina Broadway, en Manhattan (Trenes 1, A, D, B y C, hasta la estación de la calle 145). Con posterioridad a la función, el lunes 22, a las 6:00 pm, habrá un encuentro con Nelda Castillo.






https://www.facebook.com/elciervoencantado

L’art d’un théâtre cubain engagé et critique




Por: Stéphane Bussard
Tomado de www.letemps.ch

Fondée en 1996, la troupe de théâtre El Ciervo Encantado sonde l’âme cubaine tout en échappant à la censure. Sa recette: un travail généreux et solide qui touche à l’identité.
Elles auraient pu s’exiler à de multiples reprises lorsqu’elles présentèrent des spectacles en Italie, en Ecosse ou en Amérique latine. Elles pourraient se contenter d’un théâtre attrayant, mais sans aspérité. Nelda Castillo, 61 ans, et Mariela Brito, 47 ans, ont pourtant emprunté une voie plus difficile et plus risquée. Celle d’un théâtre engagé et critique qui a pour sujet d’analyse Cuba, son passé, son présent. Paraphrasant le poète cubain Eliseo Diego, Nelda, les cheveux courts et teintés, le souligne: «Ce n’est pas une coïncidence d’être née à Cuba plutôt qu’ailleurs. C’est ici qu’on est appelé à témoigner.»

Ex-professeur à l’Institut supérieur d’art (ISA) de La Havane, actrice et metteuse en scène, Nelda Castillo a fondé en 1996 la troupe El Ciervo Encantado en référence à un conte cubain du début du XXe siècle de l’auteur Esteban Borrero Echeverría. Figure majeure du théâtre contemporain cubain, elle témoigne de sa foi dans l’acte théâtral qui doit servir à sonder «l’être cubain». L’identité culturelle cubaine est riche et complexe. A l’image d’un cerf enchanté, métaphore de la liberté, «la culture cubaine ne peut être capturée une fois pour toutes, explique la metteuse en scène, car elle se transforme toujours en quelque chose d’autre». La matière première de la troupe ne se limite pas à la période suivant la révolution cubaine de 1959. Elle remonte à la création de Cuba et à la guerre d’indépendance, dont le poète, écrivain et révolutionnaire José Martí fut le héros.

La mémoire des ancêtres

Pour découvrir l’âme cubaine, le Ciervo Encantado s’appuie sur la littérature, l’histoire, l’art plastique, la musique et la danse. Une manière de refuser un théâtre superficiel qui ne ferait qu’égratigner la réalité. «Par nos pièces, nous nous efforçons d’avoir une approche physique et émotionnelle de Cuba. Nous cherchons à savoir ce que signifie être Cubain, à sentir ce que ressentent nos compatriotes. C’est parfois très fort», explique la très extravertie Nelda Castillo, qui aime accompagner le geste à la parole. Le théâtre qu’elle revendique est celui d’un travail mémoriel qui s’exprime à travers le corps. «Le corps possède la mémoire de nos ancêtres, ajoute la metteuse en scène. C’est pourquoi nous entraînons le corps à faire ressortir cette mémoire. De fait, des choses émergent dont nous n’avions pas conscience.»

Guide touristique dans la vieille Havane, Alex Perez, 31 ans, apprécie l’engagement du Ciervo Encantado: «Il dit ce que les autres troupes théâtrales n’osent pas dire. C’est un théâtre courageux, spirituel et très politique.» Disposant d’une salle de spectacle à l’angle de l’avenue Linea et de la 18e Rue, dans le quartier havanais de Vedado, la troupe de Nelda Castillo n’a jamais subi les foudres de la censure du pouvoir. Soutenu par le Ministère cubain de la culture, le Ciervo Encantado emprunte une voie étroite entre une critique parfois radicale et le risque d’une remise à l’ordre. Nelda Castillo relève pourtant qu’elle n’a jamais pensé à la censure. «Notre théâtre n’est pas un pamphlet ou un discours politique. C’est une œuvre artistique qui a un côté très viscéral. Tout engagement comporte bien entendu un risque, mais ici, nous créons un langage théâtral nouveau. Vu la profondeur de notre démarche, il est difficile de s’en prendre directement à l’œuvre», souligne la metteuse en scène. Alors qu’il fut tabou, voici plus d’une décennie, de prononcer le mot «Fidel» publiquement, le Ciervo Encantado joue avec les images sans gêne, brandissant tantôt celle du «Che» qu’elle démystifie ou celle de Fidel qu’elle met en lien avec le discours irréel du pouvoir.

Lors de la présentation de la pièce Triunfadela, un spectateur, que Le Temps a rencontré et qui souhaite rester anonyme, le déclare: «Des dissidents dans la salle ont trouvé très osé le spectacle présenté. Des membres de la sécurité cubaine ont même interrogé quelques artistes connus pour leur demander ce qu’ils faisaient là.» Installé dans ses nouveaux murs depuis quelque temps, le Ciervo Encantado a toutefois eu de la peine à bénéficier d’une salle digne de ce nom. Le ministère lui a finalement mis à disposition la bâtisse d’une vieille usine désaffectée. L’endroit, même s’il nécessite quelques réparations sporadiques, est un lieu privilégié de la culture cubaine. La salle est à l’image du théâtre que la troupe souhaite pratiquer: il permet un recours aisé à la musique, à l’image, à la vidéo. Il favorise un type de commedia dell’arte à la cubaine. Le Ciervo Encantado ne laisse pas le public passif. Il le sollicite. Sans ménagement.

L’artiste-mule

La radicalité du Ciervo Encantado est très explicite dans la pièce Rapsodia para el mulo inspirée d’un poème de José Lezama Lima. L’actrice Mariela Brito est sur scène, dénudée, avec des œillères, et tire une charge qui semble lui briser le dos. La pièce est une métaphore du quotidien des Cubains qui portent chaque jour leur fardeau de désillusions, dont celle d’un idéal socialiste que la réalité a fracassé. Comme une mule, l’actrice ne parle pas. Aliénée. Sur scène, espiègle et généreuse, elle se tourne soudain vers le public et demande: «Alors Cuba, que s’est-il passé?» Certains spectateurs, choqués, n’applaudissent pas tant l’œuvre marque une rupture d’avec la convention. Dans Triunfadela, la pièce la plus récente présentée à la récente Biennale de La Havane, Nelda Castillo et Mariela Brito revisitent les multiples discours de propagande, les parades et défilés du 1er Mai à partir des années 1960. C’était l’époque du discours triomphaliste. Elles provoquent le public, lui faisant prendre conscience qu’un tel discours est encore présent et qu’il ne cesse de contredire la réalité.
Critiques, Nelda Castillo et Mariela Brito ne le sont pas de façon gratuite. Cette manière de pratiquer le théâtre et de questionner la société cubaine, c’est leur manière de déclarer leur flamme à un pays qu’elles aiment. Cuba est tout pour elles. Une quête artistique et existentielle au service des Cubains.